Quizá este e-mail lo esperarais un poco antes, pero la verdad es que hasta que no he conseguido centrarme un poco en la nueva situación, no he podido pararme a escribir. Estos días han sido un no parar de mirar el periódico, la tele, el twitter, el facebook... y cuando terminaba de acaparar toda la información estaba demasiado cansada para escribir.
No os voy a contar cómo está el país porque eso podéis verlo en los periódicos y la verdad es que la información es bastante fiable. Un poco alarmista, pero bueno, los medios de comunicación tienen que vender y si no hay sangre pues se vende menos.
Yo estoy bien. Encerrada en casa a partir de las 18h00 por el toque de queda y aburrida como una mona tras seis días, pero bien. Estoy durmiendo en casa todos los días excepto el primer día del toque de queda y el primer día que se decretó el estado de emergencia, que dormí en casa de unas amigas.
La verdad es que no tenía ni idea de lo que era el estado de emergencia. Me imaginaba algo así como que estarían toda la noche tirando bombas y el ejército patrullando las calles y disparando... muchas películas he visto yo. No pasó nada de esto. Un helicóptero vigila las calles y el ejército patrulla, pero todo es pacífico. A excepción de los seguidores del ex-presidente Ben Ali que se están dedicando a arrasar la ciudad. Los vecinos están haciendo también patrullas de vigilancia para que no roben en los edificios y ayer comenzaron a construir barricadas con contenedores, troncos de árboles, ladrillos... todo lo que encuentran. ¡Son tan lindos! Mientras yo estoy en casa durmiendo calentita ellos están fuera vigilando y muertos de frío. No se me ocurre cómo agradecerles todo lo que hacen por nosotros, así que me quedo en casa para no estorbar.
Lo que más me impresiona del toque de queda es el silencio. A las seis de la tarde todo el país se sume en el más absoluto silencio, sólo roto en ocasiones por un helicóptero. Ya lo comenté con Luisa: hasta la mezquita está apagada y nadie llama a la oración. Vivo a dos minutos andando de una mezquita y su llamada a la oración es la más bonita de toda la ciudad. Pues a ella también la han callado.
La Universidad lleva una semana cerrada. Me comentaron que habían quemado la mía y me dio un bajón tremendo, pero parece ser que sólo han sido los muros de fuera. No he podido ir a investigar porque en Mannouba hay barricadas también por el día así que me llevaré la sorpresa cuando vaya.
Las tiendas están abriendo con "normalidad". Ayer fuimos a la frutería y nos dijeron que hoy abrirían y tendrían todo el género. Había cosas, pero la mayoría de mala calidad y lo único salvable eran las patatas tamaño "micro machine". De todos modos las he comprado. Las tiendecitas pequeñas tienen de casi todo, pero tienes que ir temprano a comprar porque sino, los que han llegado antes que tú se lo han llevado todo. Es normal. La gente quiere aprovisionar porque no sabe que va a pasar estos días. Los españoles estamos provistos entre todos y como esto va a pasar pronto, tampoco me preocupo mucho. Además, me queda cerdito del que me traje en Navidad!
Lo que más me gusta es ir a comprar el pan. La verdad es que la cola es de media hora-tres cuartos como mínimo, pero me estoy poniendo morena, practicando el árabe y haciendo amigos. Un par de semanitas más así, y cuando me veáis, bronceado caribeño ;-)
También soy la mascotita de la fila, soy la única guiri que va a comprar el pan.
La situación en la calle. La gente está SÚPER FELIZ. Se felicitan como si fuera la fiesta del cordero. Hoy una mujer me ha dicho "Aid Mabrouk" y el otro día escuché a un vecino decir que iba a matar un cordero de alegría. Los tunecinos están muy contentos por el cambio que se les avecina: la democracia; aunque creo que aún no están muy concienciados de que el futuro AHORA está en manos de ellos. Supongo que el mes próximo o dentro de dos comenzarán los partidos políticos a visibilizarse y espero que haya también campañas de concienciación para que la población vote.
Por mi parte, creo que nada más. Estoy muy orgullosa de los tunecinos, de los jóvenes en especial. Ya no volveré a decir nunca más que son apáticos y no se interesan por nada. ¡Vaya lección que me han dado! Os dejo un comentario que salió en Twitter y que nos hizo reir mucho el primer día que se declaró el estado de emergencia:
Mi madre (argelina) le dice a mi padre (tunecino): ¡Y yo que pensaba que erais unos huevones!
Y también le dice a su hijo: ¡Yo que pensaba que tenía en casa un pelele y resulta que tengo la reencarnación del Ché Guevara!
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